Perú del Norte Vs. Perú del Sur. ¿Cuál merece quedarse con el cebiche?, por Marco Avilés

2026-07-05 10:32:29 - MUNDO


Por Marco Avilés. Periodista. Profesor en Mount Holyoke College y Doctor por la Universidad de Pensilvania

Entre los brotes de desinhibida imaginación que nos regaló la segunda vuelta electoral, destaca la idea –medio en broma, medio en serio– de que el país debería dividirse en un Perú del Norte y un Perú del Sur. '¿Y si hacemos como en Corea?', le pregunta una mujer a su audiencia de Instagram, y no habla de K-pop sino de la división de ese país asiático, a mitad del siglo pasado, tras una guerra civil que mató a 3.5 millones de personas. En este presente apresurado, sobra tiempo para postear, pero no para entender cómo suceden las cosas. '¿Crees que Perú estaría mejor dividido?', concluye el post con frescura, invitando a la sana reflexión.

Comentada por muchos en las redes, la hipotética separación geopolítica del Perú en dos Estados es una respuesta a la aparente separación ideológica del electorado en ritmo de Guerra Fría: el del norte del Perú sería capitalista; el del sur, comunista. ¿Por qué no formalizarlo?

En ese futuro posible, dicen los comentarios, el Perú del Norte podría perfectamente ser un paraíso artificial, a lo Dubai; lo gobernaría gente bella, a lo Dinamarca; y los indios y cholos y negros y todo tipo de diversidades (menos las demoníacas LGTBIQ+, obvio) acatarían dócilmente su lugar: trabajarían felices 16 horas al día, aplaudirían las leyes procrimen y no tendrían necesidad de votar porque sabrían que es más productivo delegar este tipo de decisiones al Congreso.

Como comentó otra persona en redes, el Perú del Norte se convertiría en un hub continental de tecnología y agricultura sofisticada, una potencia mundial tipo California. La bandera de este estado bebé combinaría el naranja con celeste, pero no por alusiones partidarias sino como oda cromática a la competencia capitalista. Obvio, este Perú sí iría al próximo Mundial porque ¿acaso no has visto que los futbolistas profesionales son de derecha?

El Perú del Sur, por el contrario, perdería todos sus partidos de fútbol por goleada, en estadios vacíos que naturalmente se caerán a pedazos. En su territorio gris y estéril, se aglutinarían los desadaptados que siempre van a la contra: los indios terroristas, los izquierdistas que viven del Estado, las ONG, el LUM, la universidad de San Marcos, las facultades de Letras y Sociales de la PUCP. Allí serían debidamente deportados todos los caviares junto con los enemigos y traidores de clase, empezando por rojos y pelirrojos como Jaime Ferraro.

Básicamente, el Perú del Sur sería un gran campo de concentración y, debido a su alta peligrosidad, requeriría el debido bloqueo internacional para que sus fronteras no supuren subdesarrollo, solo 'quinoa', lana de vicuña y oro ilegal previamente legalizado. El idioma oficial de este país sería el quechua, y de consuelo se podrían quedar con el himno, la bandera rojiblanca y todos aquellos símbolos que producen complejo de inferioridad desde las escuelas. Lamentablemente, Machu Picchu seguiría aquí, pero bajo un modelo de administración externo y para uso exclusivo de extranjeros.

La idea central de este proyecto es que, separando aquí, mutilando allá, bloqueando más allá, menos Perú del Sur es más Perú del Norte. Como seguidor de la literatura peruana contemporánea, me sorprende que estas ideas, que combinan las ansiedades criollas con el delirio neoliberal, no hayan inspirado la imaginación novelística de forma más intensa. ¡Qué hermosas intrigas, distopías, horrores, fantasías, zombis, androides y otras atrocidades podrían nacer de este momento histórico e histérico!

Sin ir tan lejos, en la Bolivia de los años de Evo Morales, el escritor Maximiliano Barrientos capturó las ansiedades de las clases criollas locales en su novela En el cuerpo una voz. En ella, tras la llegada al poder de un presidente indio, Bolivia se parte en dos: una criolla y otra india. La separación ocurre mediante una guerra y, en el proceso de masacrarse mutuamente en defensa de un ideal inútil, algunas personas del lado criollo aprenden a comerse a sus enemigos indios y –si no recuerdo mal– lo disfrutan.

Algo así podría perfectamente ocurrir en el hipotético Perú del Norte, considerando que ese nuevo país, debido a su potencial creativo, tendría que ser la incuestionable capital gastronómica del continente.

Las posibilidades de la ficción son infinitas. Sin embargo, es importante recordar que la idea de que el Perú es la unión forzada de dos países enemigos no es solo una tendencia efímera de las redes sociales. Se trata, más bien, del permanente estado mental de un tipo de sujeto criollo: aquellas personas 'decentes' que se sienten atrapadas en un inmenso país de bárbaros, y al que, trágicamente, están condenadas a mandar. Es un horror atávico, como el del gamonal que teme que al menor descuido los indios lo lincharán. Esta ansiedad no es un secreto. Por el contrario, aflora todo el tiempo de la boca de políticos, empresarios, operadores, pero también de gran parte de la población que se educa (nos educamos) en esas ideas.

El caso más patético es el del almirante Montoya, ese congresista que creía que las protestas de 2022-2023 estaban compuestas por indios que bajaban de los cerros a saquear la Lima de los Reyes. Desde ese estado de horror, la respuesta estatal lógica debía ser la defensa a balazos del último bastión.

Personas un tanto más articuladas que Montoya llevan la ansiedad criolla al punto de desear abiertamente la guerra civil, como niños que quieren que se apure la Navidad. 'Keiko debe rescatar la soberanía nacional interviniendo militarmente Puno y la macrorregión sur', escribe el periodista Hugo Guerra, quien parece atrapado poéticamente en el siglo XVIII, y no en el lado rebelde sino en el de los súbditos del virrey. 'Lean la historia y busquen las revoluciones sangrientas de Túpac Amaru y Katari (sic) en 1780; algo similar se está cocinando en la misma zona la pretendida supremacía aimara. En esa época, la pacificación costó más de cien mil muertos; hoy la tragedia podría ser mayor'. Frente a la magnitud gore de este delirio, las inocentes historias de Instagram parecen de pronto comentarios mesurados.

Finalmente, una pregunta. Si de verdad el Perú se dividiera, ¿en cuál de los dos quisieras vivir? Iba a cerrar este texto con esa interrogante, quizá ideal para pasar el rato en Facebook o en la sobremesa familiar. Pero, a pocos días del inicio del nuevo fujimorato, y leyendo las invocaciones de Guerra, la realidad pide otro tipo de respuesta. Acaso un llamado a la alerta máxima, ahora que las ansiedades criollas más violentas vuelven a sentirse cada vez más cerca del fusil.

Fuente: google.com


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