México e Inglaterra: ¿Cómo afecta al cuerpo la altitud de la CDMX a las personas?

2026-07-05 20:32:30 - MUNDO


La Ciudad de México tiene una altitud promedio de 2 mil 240 metros sobre el nivel del mar (msnm), una elevación que varía según la zona. Como consecuencias de la altura, el aire es menos denso y la presión atmosférica es menor, pero ¿qué impactos tiene para la salud de las personas?

La altitud de una ciudad es la distancia vertical medida en metros que existen entre el punto geográfico donde está asentada esa urbe y el nivel medio del mar.

Cuando una ciudad se encuentra en una altitud elevada, la presión atmosférica es menor en la zona, pues al haber menos capaz de aire por encima de la ciudad, la atmósfera “se expande”, lo que significa que el aire es más denso y las moléculas de oxígeno están más separadas entre sí.

Cabe mencionar que la CDMX no es la ciudad con mayor altitud, aunque sí se encuentra dentro de las diez a nivel mundial, ya que las urbes con más altitud se ubican en Bolivia.

El impacto más importante que una persona puede llegar a sentir en el cuerpo humano es la hipoxia, una disminución en el suministro de oxígeno a los tejidos debido a la menor presión atmosférica.

Cuando una persona que no está acostumbrada a una gran altitud y asciende de un momento a otro a una ciudad elevada, su organismo detecta que cada bocanada de aire contiene menos moléculas de oxígeno, lo que activa respuestas reflejas del sistema cardiorrespiratorio, es decir, la frecuencia cardíaca aumenta para bombear sangre con mayor velocidad y la respiración se acelera en un intento por compensar la deficiencia del entorno.

La falta de adaptación inicial puede desencadenar el conocido como mal agudo de montaña o soroche, un conjunto de síntomas temporales que varían en intensidad según el individuo y la velocidad del ascenso.

Entre los síntomas más comunes del mal agudo de montaña se encuentran la dificultad para dormir, mareo o sensación de vértigo, fatiga, dolor de cabeza, falta de apetito e incluso pueden presentarse náuseas o vómitos.

A largo plazo, el cuerpo humano se adapta fisiológicamente para sobrevivir a los ambientes elevados, con el paso de las semanas una hormona que estimula a la médula ósea para producir una mayor cantidad de glóbulos rojos, con lo que aumenta la capacidad de la sangre para transportar el oxígeno disponible.

Para las personas que padecen ciertas condiciones médicas, la altitud no es solo una variable climática, sino un factor que puede aliviar o complicar su estado de salud de forma directa debido a los cambios en la presión y el oxígeno.

El estudio Efectos de vivir a mayor altitud sobre la mortalidad: una revisión narrativa, publicado en la Librería Nacional de Medicina de Estados Unidos, revela que vivir a mayor altitud se asocia con una menor mortalidad general, principalmente ante afecciones cardiovasculares, como infartos, accidentes cerebrovasculares e incluso ante algunos tipos de cáncer.

Señala que entre los mecanismos que ayudan a que la altura beneficie estos padecimientos se encuentra las adaptaciones del cuerpo a la hipoxia crónica –menor oxígeno disponible–, lo que incluye una mejor eficiencia en el uso del oxígeno, cambios favorables en el metabolismo y posibles modificaciones en la expresión de genes.

Sin embargo, el estudio también revela que la altitud no garantiza la mitigación de estos padecimientos, pues existen otros factores relevantes, como el estilo de vida de las personas o la genética de las poblaciones.

Añade también que no todos los efectos son positivos, ya que en el caso de las personas con enfermedades pulmonares crónicas como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) pueden verse perjudicadas por la menor disponibilidad de oxígeno.

Otras enfermedades pulmonares como la enfisema o asma grave, al depender críticamente de la presión del aire que el oxígeno cruce de los pulmones a la sangre, aumentan los riesgos de provocar disnea –crisis de ahogamiento– y saturación –caídas severas en la oxigenación–.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explica que en ciudades con gran altitud, como la Ciudd de México, hay mayor posibilidad de sufrir de hipoxia, lo que podría generar en jugadores de futbol fatiga más rápida, menor capacidad para hacer sprints –carrera o esfuerzo de velocidad máxima– y sensación de ahogo.

Añade que los jugadores que no estén aclimatados o que las latitudes de sus países de origen sean mucho menores, son los que más sufren ante esta condición.

Explica también que en el caso de los sprints cortos, en los que se corre entre los 20 y 30 metros, pueden ser más rápidos porque hay menos resistencia del aire, aunque la recuperación para el jugador es más lenta.


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