Argentina ya no juega como la más poderosa del mundo, pero aún puede ser la mejor de este Mundial

2026-07-04 14:45:30 - ARGENTINA


MIAMI (enviado especial).- Argentina ya no juega como la mejor del mundo, pero aún puede ser la mejor de este Mundial. Lo logrará si toma nota del flojísimo partido que jugó frente a Cabo Verde, una de las actuaciones más deslucidas del ciclo de Lionel Scaloni, que dejó al descubierto un problema más profundo que el rendimiento o el sufrimiento para avanzar de ronda. Lo más preocupante fue que, por primera vez, este equipo transmitió la sensación de perder su identidad. Volvió a depender casi exclusivamente de Lionel Messi, tanto para el gol como en la ejecución de la pelota parada, cuando durante años edificó su éxito con un funcionamiento colectivo que potenciaba a las figuras en vez de necesitarlas para rescatarlo. Esa fue, además de la marca registrada de esta selección, la idea que la convirtió en campeona del mundo y que incluso terminó influyendo en la forma de jugar de muchos otros equipos. La buena noticia es que el golpe llegó a tiempo y con una victoria. La mala es que ahora Scaloni tiene apenas tres días para recuperar esa versión antes del cruce con Egipto.

No alcanza con mirar los nombres. El problema también pasa por cómo está jugando el equipo, aunque varios futbolistas que fueron determinantes durante este proceso siguen muy por debajo del nivel que supieron mostrar, especialmente en un mediocampo donde hoy parecen concentrarse los principales problemas de Argentina. A eso se suman una defensa que perdió solidez y rendimientos individuales que obligan a Scaloni a replantearse algunas titularidades. Un mal partido puede tenerlo cualquiera. Lo ideal es no tenerlo en un Mundial, y mucho menos en estas instancias. Pero lo de Argentina ya no parece un episodio aislado.

Hasta ahora fue encadenando producciones discretas que quedaron en segundo plano por la brillante capacidad de Lionel Messi para, a los 39 años, seguir liderando la tabla de goleadores y aparecer cuando más se lo reclama. Argentina fue, entre las potencias, la que mejor fortuna tuvo en los cruces: le tocó un grupo accesible en los papeles, con rivales por debajo del puesto 25 del ranking FIFA, y enfrentó en 16avos de final a uno de los cinco equipos peor ubicados entre los 48 participantes, un seleccionado que había tenido el mérito de clasificarse segundo en un grupo con España y Uruguay, con los que no perdió, pero que también había sido uno de los que más remates al arco recibió en el torneo.

Argentina se encontró con una versión mejorada de Cabo Verde, que con poco que perder se animó a atacar y puso en problemas a una selección que llegó al Mundial como candidata. Pero el principal desafío de Argentina parece estar en casa. Porque más adelante aparecerán equipos de mayor jerarquía y figuras de otro calibre. En Qatar, Scaloni decidió cambiar después de la derrota con Arabia Saudita y de un partido muy disputado frente a México. Ahora el margen de error es mucho menor, porque un rendimiento como el del viernes puede dejar a Argentina fuera del Mundial. Pero este mismo cuerpo técnico ya atravesó situaciones similares y siempre supo reacomodar al equipo. Por eso todavía hay motivos para creer que Argentina puede volver a parecerse a la selección que fue durante gran parte de esta etapa.

En público, Scaloni evitó dramatizar la situación. Incluso se molestó con la pregunta de un periodista que le consultó si a Argentina le había pesado la responsabilidad del partido. Enalteció la actitud del equipo para sobreponerse a la adversidad e intentar hasta el final, una fortaleza que el equipo mantiene intacta, aunque también es consciente de que precisa mucho más que carácter. El dilema pasa por cuánto cambiar con el torneo en marcha y cuánto sostener una estructura que, aunque hoy no funciona como antes, lleva años demostrando que sabe competir. “El partido fue durísimo y siempre hay que sacar lo positivo. Este equipo nunca se rinde. Merecimos ganar, pero eso no quita que el rival nos puso las cosas difíciles. Lo negativo lo hablaré con los jugadores”, sostuvo el entrenador.

Messi, en cambio, bajó un mensaje distinto. “Hay mucho para corregir. Hicimos lo más difícil: encontrar el primer gol y pensamos que con eso íbamos a poder encontrar nuestro juego y estar más tranquilos y fue todo lo contrario. Perdimos la pelota, nos metimos atrás y no pudimos presionar bien. Este Mundial te marca que todo es muy igualado, muy complicado, todos los partidos van a ser dificilísimos”, asumió, con un diagnóstico que también señaló déficits puntuales del juego.

Argentina tendrá solo tres prácticas antes del partido con Egipto, que también jugó tiempo suplementario y debió recurrir a los penales para eliminar a Australia. Se entrenó este sábado en Miami, sin demasiada exigencia para los que más jugaron, repetirá el domingo y tendrá un último ensayo en Atlanta. Aunque la idea está trabajada desde hace años, hay poco tiempo para tocar demasiado.

El partido frente a Cabo Verde volvió a abrir interrogantes sobre algunos puestos y Scaloni tendrá que decidir si mantiene la base o mueve algunas piezas. La prueba de Alexis Mac Allister como volante central no funcionó como se esperaba. El volante de Liverpool se convirtió con el tiempo en un jugador de rol, aplicado en sus movimientos, pero lejos del área perdió parte de la capacidad para romper líneas. Leandro Paredes parece ofrecer mejores condiciones para esa posición, incluso con Mac Allister dentro del equipo, pero en otra función. En el lateral derecho, ni Nahuel Molina ni Gonzalo Montiel transmiten demasiada seguridad, mientras que arriba Thiago Almada fue de mayor a menor y terminó participando poco. La posición de centrodelantero tampoco brinda certezas: Argentina llegó al Mundial con el goleador de la Serie A y una de las principales figuras de la liga española como opciones, pero hoy ninguno atraviesa su mejor momento.

Para Scaloni, el momento de revisar algunas decisiones llegó más tarde que en Qatar, aunque antes de lo previsto. En aquel Mundial, el equipo también fue moldeándose con los partidos hasta alcanzar, probablemente, su mejor versión colectiva en décadas. Perdió en el debut con Arabia Saudita, sufrió hasta el cierre frente a Australia y llegó a los penales ante Países Bajos y Francia. Nada de eso le impidió terminar levantando la copa.

El triunfo frente a Cabo Verde dejó la tranquilidad de la clasificación, pero también expuso problemas que hasta ahora los resultados habían logrado esconder. Argentina todavía está en carrera, con un plantel preparado para medirse con cualquiera y un entrenador que ya demostró saber reconstruir equipos en plena competencia. La mejor versión de la selección aún no apareció en este Mundial. El dato alentador es que este equipo tiene experiencia en encontrarla cuando más la necesita.